*La siguiente reseña tiene spoilers para los nuevos capítulos de Daredevil. Te recomendamos no seguir leyendo si aún no has terminado la segunda temporada.*
La nueva temporada apunta no solo a expandir el Marvel Cinematic Universe en el frente televisivo, también busca traer de vuelta todo lo que hizo de la primera una de las mejores de 2015, al mismo tiempo diferenciándose de ella en su estructura narrativa. La segunda temporada de Daredevil es una digna y sólida entrega que mejora en muchos aspectos a su predecesora, pero que por momentos se ve entorpecida por el peso de su propia ambición.
Todos son el héroe, todos son el villano
La primera temporada seguía un argumento relativamente lineal, propio de una historia de origen: conocemos a Matt Murdock (Charlie Cox) en sus inicios como justiciero, con breves vistazos a su pasado mediante flashbacks, y lo seguimos en su creciente enfrentamiento contra la mafia de Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio). El conflicto parte de un modesto inicio y termina en una batalla final con el mismo villano que conocimos al principio. La segunda temporada funciona muy diferente a eso, empezando por que en lugar de un villano claro para los dos primeros tercios de la trama, hay varias facciones antagónicas entre sí que se pierden en diferentes tonos de gris, moralmente hablando.
Esta ocasión la historia no es tanto sobre Murdock y los límites físicos y morales que debe enfrentar para ser el Demonio de Hell’s Kitchen. En vez de eso, el conflicto gira en torno a su concepción de ser un justiciero al margen de la ley, misma que es puesta a prueba por la llegada de Punisher (Jon Bernthal) y Elektra (Élodie Yung) a la ciudad. Mientras que Fisk representaba una amenaza genuinamente maligna, Punisher y Elektra son representados (brillantemente) como seres humanos con todas las fallas que ello representa, formando un triángulo con Daredevil en el que la compasión, la ira, lo moralmente bueno y malo, constantemente oscilan de un lado a otro.
Tres historias en una
La otra gran diferencia respecto a la primera temporada es que, en lugar de trece capítulos comprendiendo un todo con planteamiento, nudo y desenlace, la nueva temporada está dividida en tres arcos narrativos cuasi independientes, con el final de uno conduciendo al inicio del otro, enfocándose primero en Punisher, luego Elektra, y La Mano para el acto final. Esto funciona de maravilla para cubrir mucho terreno en las historias de los dos nuevos personajes, a veces a costa del propio Daredevil, y haciendo que la intervención de Fisk o la re-introducción de Nobu como villano principal se sientan apresuradas.
Este último caso es una lástima, considerando que desde la primera temporada se insinuaba que La Mano sería la presencia más amenazante en la trama general. En lugar de ello, el regreso de Nobu de la muerte sale de la nada, y la progresión hacia la batalla final es apurada para los últimos episodios. Frank Castle es el que sale mejor parado luego de la obvia preparación con vistas a darle su propia serie, mientras que el arco de Elektra y La Mano quedará relegado hasta la tercera temporada. Muy similar a como Iron Man 2 parecía hecha más para preparar a Thor y The Avengers, la segunda fase de Daredevil por momentos parece dedicada a establecer lo que vendrá después, como familiarizar al público que no es fan de los cómics con los elementos sobrenaturales que seguramente serán más prominentes en Iron Fist.
Si bien lo anterior entorpece o resta impacto a la narrativa en algunas partes (Frank Castle es empujado a segundo plano para súbitamente dar paso a Elektra, todo esto antes de llegar a la mitad de la temporada), por lo menos da bastante juego a guiños y referencias que dejarán contentos a los fans más ávidos del MCU: Jessica Jones y Luke Cage reciben al menos una mención, mientras que personajes como Foggy o Karen quedan en posiciones que les permitirían aparecer en otras series en el futuro. Para los más clavados, los comentarios de algunos personajes incluso podrían leerse como referencias a Captain America: Civil War.
La escena que convenció a propios y extraños durante la primera temporada, fue el famoso plano secuencia de la lucha en el corredor, y los productores prometieron más y mejor para esta ocasión. El pasillo se convirtió en varios pisos de escaleras, logrando un plano secuencia técnicamente más demandante y con una coreografía impresionante, pero que resulta en uno de varios combates de esta temporada que parecen tener poca sensación de peligro y urgencia.
Uno de los problemas es el traje de Daredevil, o mejor dicho, su armadura. Diseñada por Melvin Potter en la primera temporada y mejorada en la segunda, mantiene a Matt a salvo de los golpes contundentes, armas afiladas y balas de bajo calibre. El final del primer capítulo es uno de los puntos altos de la serie, y es desechado al iniciar el segundo cuando descubrimos que Murdock no tiene más que sordera temporal después de un balazo a la frente. Hay muy pocos momentos en los que Daredevil parece estar en verdadero peligro, y recae en Frank Castle y Elektra cargar el peso del riesgo físico en la trama.
Además, aunque todas las luchas mantienen el alto nivel de filmación y coreografía vistos en la temporada pasada (Punisher en la cárcel es algo digno de Oldboy), a veces parece haber tantas peleas que la sensación de riesgo da paso a la repetición. Para el episodio final Matt y Elektra han atravesado tantas olas de ninjas de La Mano, que hay poca satisfacción en verlos superar al pequeño ejército que Nobu les tiene preparado (ayudados por Castle en pleno Deus ex machina).
En general, aunque la acción no queda a deber, los mejores momentos de la temporada son los más personales e íntimos: Matt y Elektra compartiendo cicatrices, Karen interrogando a Frank, o cierta escena que toma un par de consejos de The Dark Knight de Christopher Nolan (y casi la iguala gracias a la explosividad de D’Onofrio). Más que la brutalidad física, es la emocional la que eleva a esta segunda temporada al nivel de must watch.
Uno de los problemas es el traje de Daredevil, o mejor dicho, su armadura. Diseñada por Melvin Potter en la primera temporada y mejorada en la segunda, mantiene a Matt a salvo de los golpes contundentes, armas afiladas y balas de bajo calibre. El final del primer capítulo es uno de los puntos altos de la serie, y es desechado al iniciar el segundo cuando descubrimos que Murdock no tiene más que sordera temporal después de un balazo a la frente. Hay muy pocos momentos en los que Daredevil parece estar en verdadero peligro, y recae en Frank Castle y Elektra cargar el peso del riesgo físico en la trama.
Además, aunque todas las luchas mantienen el alto nivel de filmación y coreografía vistos en la temporada pasada (Punisher en la cárcel es algo digno de Oldboy), a veces parece haber tantas peleas que la sensación de riesgo da paso a la repetición. Para el episodio final Matt y Elektra han atravesado tantas olas de ninjas de La Mano, que hay poca satisfacción en verlos superar al pequeño ejército que Nobu les tiene preparado (ayudados por Castle en pleno Deus ex machina).
En general, aunque la acción no queda a deber, los mejores momentos de la temporada son los más personales e íntimos: Matt y Elektra compartiendo cicatrices, Karen interrogando a Frank, o cierta escena que toma un par de consejos de The Dark Knight de Christopher Nolan (y casi la iguala gracias a la explosividad de D’Onofrio). Más que la brutalidad física, es la emocional la que eleva a esta segunda temporada al nivel de must watch.
Fuente: Extraordinerd





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